Hic et nunc.

Blog de Pau Alsina, profesor e investigador en arte, pensamiento y tecnociencias

Investigación y Metodologías y Arte y Ciencia y Cultura y Ética y Spinoza…

El pasado viernes 1 de Abril los compañeros del proyecto Grid-Spinoza, impulsado por Hangar y el Parc de Rercerca Biomédica de Barcelona (PRBB), presentaron sus incipientes resultados dentro del marco de la segunda sesión de las jornadas de investigación en cultura auspiciadas por ZZZinc.  La primera parte de la sesión expuso el proyecto en sí y algunos de los resultados de las entrevistas realizadas a artistas y científicos. Algunas de las declaraciones expuestas  incluían jugosas frases como “la práctica artística es deliberadamente no objetiva”, “la importancia del proceso por encima del resultado”, “la investigación involucra a su vez la producción”, así como otras  hacían alusión a las estratégias parasitárias, de simbiosis o de reverso en la relación entre arte y ciencias, También apareció otro de los leitmotiv del proyecto, el error, tomado aquí desde  “la práctica del error como aprendizaje”, o “la búsqueda de un error deliberado como método de desarrollo”. Me gustó la idea de que “con cada nuevo proyecto empiezo de cero” que según me pareció entender se atribuyó a Roc Parés.

A continuación se expusieron algunas ideas clave para orientar el posterior debate que pretendía establecer conexiones entre mundos, métodos y modos de hacer de artistas y científicos. Según entendí, uno de los objetivos de la sesión era ver hasta que punto se podían introducir métodos provinientes del mundo de la ciencia al mundo del arte. Pero ni los artistas son un ente homogéneo y uniforme, ni tampoco lo son los científicos, que a menudo suelen presentarse encorsetados en un método científico todo-en-uno aplicable a las mil y una maneras de hacer eso que suele nombrarse como ciencia. De repente, la sesión dió un giro y sin darnos cuenta el recurso a EL método de la ciencia como espacio legitimador por excelencia sobrevolaba nuestras cabezas a la espera de los despojos en esa cruenta batalla  ejercida sobre  las indefensas prácticas cientifico-tecnológicas. Latour, con su constructivismo y su etnografía de la ciencia, fué expulsado-roja-directa por Bunge, su realismo científico y su método, quien entró a la palestra sin saber dónde se metía, y sobretodo, para qué.  Se nos instalaron las dicotomias, el nosotros/vosotros, el dentro/fuera, subjetividad/objetividad y nos despistamos todos tras unos discretos escarceos que sólo venían a engrosar el abultado elenco de conversaciones fustradas sobre arte y ciencia. Aissh, por ahí no, por favor, ya estamos cansados de esos estériles debates….

Tras recabar en los traumáticos cambios que estan sucediendo (los últimos coletazos agónicos) en la investigación dentro de las academias de artes y humanidades a raíz de la introducción del EEES (el conocido plan Boloña) que obliga a la individualidad investigadora a agruparse en colectivos y a ubicarse en el contexto de una comunidad académica de expertos en X, Y o Z,  constatamos sabiamente la diferencia entre métodos de investigación y políticas de investigación. Hay una larga lista de absurdidades que dan cuenta de ello y demuestran hasta qué punto una determinada política de investigación puede dar alas a un particular ámbito de investigación o cortarlas de cuajo (vease el fenómeno “big society” en UK actual) a expensas de una ya mítica  y pura objetividad científica instalada en una especie de etéreo más allá desprovisto de influencia y contexto alguno . Ni hay un único método científico, ni la academia es ningún ejemplo a seguir en relación a la uniformización de sus políticas de investigación,  ni eso signifíca que fuera de la academia todo se hace muchísimo mejor por el hecho de “no estar dentro”, ni tampoco todo ello nos debería impedir sacar lo bueno que hay de cada una de las partes implicadas en eso que llamamos la producción de conocimiento.

Porqué de eso se trata: producción de conocimiento, y ahí, por fín, llegamos a buen puerto. La eterna pregunta por el conocimiento, una vez más, revisitada desde las ansias-necesidad de transfugismo, transdisciplinariedad, parasitación, simbiosis, bastardización, mestizaje y mil prácticas más que más que preocuparse por defender el castillo de lo que son o dejan de ser se preocupan más de lo que, precisamente Spinoza, llamaría como el conatus,  su impulso vital, el esfuerzo por perserverar en aquello que les hace ser potencia expandiéndose. Un conatus spinoziano hecho de afectos y afectaciones: “la autoafirmación en el obrar, siempre en acto, que  se manifiesta constitutivamente en el individuo como unidad psico-somática en la dinámica de  sus componentes y la dialéctica de potencias que siempre pueden prevalecer”.  Así, si el conatus es ese impulso de la materia autoorganizándose desde la inmanencia de sus afectos burbujeantes, la pregunta por la sacrosanta esencia escondida en ese núcleo irreductible de las cosas se vuelve en una pregunta estéril y, cuanto menos, incómoda.

La pregunta es y seguirá siendo la pregunta sobre el conocimiento, sobre qué significa crear conocimiento,  para qué y para quien creamos conocimiento y, más específicamente, sobre la relación entre ética y conocimiento: clave para el posterior debate.

Lo dejamos aquí de momento, y me guardo las conclusiones para otro escrito improvisado, que les faltan dos (o tres) vueltas….

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This entry was posted on April 6, 2011 by in Investigación and tagged , , , , , .
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